
Casi siempre que leo comentarios sobre la extraña niña Mignon tengo la sensación de que los escritores y analistas de la obra de Goethe se han interesado mucho menos por ella que nosotros, los que nos hemos acercado a su dolorida personalidad a través de la sugestiva música con la que Schubert, Schumann y Wolf la han revestido. Para los que se acercan a Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister desde un interés literario, este personaje secundario no se diferencia mucho de tantos otros, como puedan ser Philine o Melina.
Parece que nadie duda que Mignon sea una personalidad atormentada: su triste historia, su doble secuestro y vida obligada en un país que no es el suyo, lejos del redondo sol italiano condicionan una música que atiende a distintas motivaciones. La identificación con el sufrimiento y la nostalgia de la solitaria niña hacen que Schubert la imagine como una adulta de enorme fuerza interior, capaz de la mayor ternura y ensoñación al borde del grito. Esto sucede tanto en Heiss mich nicht reden -dejadme callar-como en So las mich scheinen -dejadme parecer-.
Opino que el énfasis schumanianno, en cambio tiene más que ver con la melancolía; con la profunda sensación de abandono y nostalgia que devora tanto a Mignon como a su padre tardíamente reconocido, el arpista. Schumann imagina el desolado color de Nur wer die Sehsucht kennt -sólo el que conoce la nostalgia- y en esta atmósfera ambienta los cuatro cantos, con una continuidad estética mayor que sus colegas, pero atendiendo a una paleta menor de emociones. En cambio, este mismo color está presente en la versión schubertiana del mismo poema, junto con otro aspecto: el arrebato apasionado de Mignon, surgido también de las convulsiones físicas que sufre con frecuencia. Ese es schwindelt mir es, posiblemente, un mareo verdadero y no solamente el reflejo de su tormenta emocional. Para Wolf es fundamental reflejar este aspecto, lo que consigue a través de violentas armonías y rápidos cambios texturales que hacen de su versión de los Lieder de Mignon la más contrastada de todas. Aquí la adolescente tiende a parecer una adulta cuyas acciones dependen más de su enfermedad que de sus propias emociones.
No tiene sentido intentar encontrar una versión primigenia, una interpretación musical más correcta del personaje de Mignon, y sin embargo, existe un aspecto del que sólo un compositor parece haber sido consciente y es el paso del tiempo. La novela de Goethe es una obra improvisatoria; en la que el transcurso del tiempo y sus acontecimientos no fueron premeditados por parte del autor; quien deseaba eludir lo más posible la idea de un plan o sentido general para la historia y sus personajes. Sin embargo, sería extraño que Goethe, que tanta atención presta a analizar la maduración de Wilhelm Meister, hubiese olvidado lo mucho que puede cambiar el carácter de una adolescente que es casi una niña cuando Wilhelm la rescata. La evolución física de Mignon siempre aparece sugerida por Goethe, quien habla de su primer aspecto más aniñado y de un posterior desarrollo físico. De este modo, Kennst du das Land wo die Zitronen blühen -¿conoces el país donde florecen los limoneros?- sería un canto más propio de una niña que no comprende bien sus emociones. Esto tendría sentido, pues en este momento alude a Meister sin saber qué es lo que siente por él. ¿Es su amado, un protector, un padre? Este orden parece sugerir que la propia Mignon cambie el tono emocional a lo largo del poema, primero invocando a su amado para una escapada juntos del mundo, finalmente convenciendo a su padre para un capricho. Sin embargo, cuando el personaje muere, habla como una adulta que ha vivido mucho, que ha sufrido verdaderos pesares en su corta vida.
Creo que solamente Schubert presta atención a este último aspecto y que realmente puede verse una evolución en cuanto a la edad de la joven Mignon en cuatro etapas, en las que ahonda en una progresiva comprensión de sus emociones y padecimientos, asumiéndolos -no sin un último, conmovedor lamento-. No creo descabellado que esto tenga relación con la propia evolución humana de Schubert, capaz de una empatía extraordinaria con los personajes de las obras, como se desprende de su captación e increíble puesta en música, a los dieciséis años, de la compleja mezcla de pasión y miedo que posee a Margarita de Gretchen am Spinnrade. De hecho, esto explica también por qué Schubert, al reconocerse él mismo en los más apasionados y doloridos personajes de esta novela, es el primero en elegir estos poemas para su musicalización, dejando de lado a otros atractivos secundarios como pueda ser la bellísima, charlatana y superficial Philine.


